Blog de rasdentierro

La Mujer Rota y sus ecos. (Inspirado en Simone de Beauvoir)

La que habita en mí, y en todas,

 la que emerge al crecer los hijos, al aparecer las canas, al ver pequeños y grandes surcos en la piel, la que yace sobre el water más minutos que en antaño. La que nos enseña que puedes ser la más exitosa o la más fracasada y en la suma de todos los miedos ser hermanas. 

Mi mujer rota se atormentaba diariamente con el cuestionamiento constante de saber qué tan bien o mal lo había hecho: como madre, como esposa, como amante, hija o amiga. Si habría sido capaz de haber provocado algún sentimiento o sólo fue fuente de humedad efímera. Esa concepción contradictoria, entre ser cuerpo e intelecto, el afán de trascender hasta en las más absurdas e inútiles relaciones, buscando persistentemente en todo, cierto grado de excelencia, como si la misma solidarizara en algo y sirviese para parchar cada uno de los rotos del alma. 

Los viejos amantes que resultan ser mejores que los actuales, me indican que como objeto voy perdiendo espacio en el mercado femenino, no es eso a lo que más le temo, le temo más a quedarme sin ideas. Temo  el que mi hijo prefiera ir al cine con otros, verle esclavo de la consola que yo misma adquirí, amanecer casi todos los días con la sensación de angustia en el estómago, respirar profundo, tener que haber aprendido  prácticas ancestrales para no necesitar el clonazepam. No existe casi ninguna mujer que tenga más de cuarenta años que no necesite alguna prescripción médica para poder  lidiar con la culpa de sólo ser.

Mi mujer aparte de rota, está agotada, aburrida de despertar opciones en personas de camino estrecho, en hombres que aún beben cerveza de litro, de criar a cuanto humano se ha cruzado en el camino. No quiere aventurarse en un devenir nebuloso, ya construyó, ya se forjó y quebró, desea la tranquilidad de una copa de vino con quien no la abandonó en el camino, no importa que los revoloteos internos hayan menguado, necesita de la tranquilidad de una conversación no necesariamente exuberante, ya abandonó la zona de confort, giró en 180 grados y hoy vuelve a la quietud de lo cotidiano.

Hoy me siento sobre los peldaños de mi piscina, disfrutando de un día soleado, contenta de que el celular ya no se desborde de notificaciones, solicitudes, exigencias de entes que se pasan de listos, estoy dejando de existir en el mundo de la exposición y me parece hermoso, cómodo, silencioso, hundo mi cabeza por completo en el agua y no escucho más que los oídos tapados por el líquido y el ruido del motor de la bomba, el cual también me parece maravilloso. 

No necesitar más ya a nadie, porque muchos son inservibles, y los entrañables relamidos en su soberbia al saberse necesitados no despiertan más mi ternura. Esta mujer rota es el producto de años de crianza patriarcal, de culpa ante la emancipación natural, se ha superado a sí misma y en sí misma, ha desarrollado su lado masculino más que muchos que se hacen llamar hombres, ha sufrido lo necesario y también lo innecesario, sabe de las introducciones, los desarrollos y las conclusiones de una gran cantidad de historias que pueden estar por venir. Ya no puede romperse más, es un gran rompecabezas armado en el suelo, el cual constituye un precioso paisaje, pero siempre faltará una pieza, la decisión consistió en dejar de buscarla. No es más que la madre, la esposa, la trabajadora, la amiga, la hija, la amante, la puta, la artista, la adivinadora, la cocinera, y tantos otros roles, que logró ser, nada más, nada menos. 

 Después de haberme lanzado contra la pared y destrozarme por entero, ya no le temo a mis mañanas, no mientras pueda seguir escribiendo, porque así lo quiero.







Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: